LA GRACIA NOS HACE CONVIVIR CORRECTAMENTE

 

No hay experiencia más dura y dolorosa para un cristiano que la soledad, el querer permanecer aislado, incomunicado por mucho tiempo; con toda razón Hebreos 10:25 dice 25: “No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.” La capacidad de convivir y estar en comunicación es, entonces, la posibilidad de crecer y permitir que otros crezcan. El crecimiento personal es proporcional a la capacidad de compartir. Una mano amiga, una actitud comprensiva, una frase optimista, una sonrisa cordial son el lenguaje de la convivencia cristiana y la menor manea de comunicarse con los demás. Convivencia Y comunicación: Todo lo que Dios creó se rige por medio de leyes establecidas para su funcionamiento. La naturaleza se rige por leyes que le dan una ordenación lógica. Entre los hombres se establecen leyes o acuerdos que permiten la organización y convivencia en sociedad.

Dios también ha establecido ciertas leyes claras para la convivencia y comunión en la sociedad de la Iglesia del Señor. El cristiano nace en una sociedad espiritual llama la iglesia y sólo en ella puede realizarse como persona; cada cristiano necesita de los demás para subsistir y para crecer. Pero, más que una necesidad, la convivencia cristiana es una experiencia placentera y gozosa; ella permite al cristiano compartir y comunicar; expresar sus pensamientos, dar a conocer sus sentimientos y participar sus deseos, anhelos y esperanzas. La iglesia requiere del acuerdo, compromisos y disciplinas para lograr sus triunfos. Las leyes son acuerdos que permiten resolver los problemas de organización social y convivencia de los cristianos. Por medio de las leyes morales y espirituales todos los cristianos podemos ejercer nuestros derechos y cumplir nuestros deberes en la sociedad de la iglesia. Como hijos de Dios, debemos respetar todas las leyes justas.

Todos tenemos la misma responsabilidad ante la ley de la convivencia y la justicia, sin privilegios de ninguna clase. Los cristianos nacemos en Cristo todos iguales y debemos cumplir todos, por igual, las leyes de la convivencia y de la comunicación. El poder dar la mano al otro en cada reunión o cada vez que nos encontramos, el saber que no se está solo y que se tienen amigos, compañeros, colegas, hermanos con quienes puede interrelacionarse en diferentes grados de cercanía, llena al cristiano de mucho optimismo y esperanza para continuar por el camino de la vida cristiana. La iglesia está llena de seres maravillosos, cuya presencia y cercanía colman el ambiente de la iglesia de concordia, entusiasmo y esperanza; cristianos que contagian su paz interior, seres de quienes se pueden aprender verdades eternas.

El valor de la solidaridad: Ayuda al cristiano actuar siempre con sentido de comunidad. Hechos 2:44 dice: “Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.” El cristiano solidario sabe que no puede estar ajeno a las necesidades, dificultades y sufrimientos de los demás. El cristiano solidario está llamado por el Espíritu Santo ha crecer en el servicio. El solidario practica Romanos 12:12-13,15: “gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración; compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad. Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran.” El solidario jamás olvida que no hay transgresión particular ni privada que no afecte de alguna manera a los demás.

El valor del compañerismo: Compañero es un acompañante en el camino. Eclesiastés 3:9 dice: “Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; mas ¿cómo se calentará uno solo? Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto.” El cristiano solidario y compañero está dispuesto a dar la mano al otro y a no retirársela hasta lograr un alcance común entre los caminantes de la fe en Cristo Jesús. Hebreos 12:1 dice: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.” El cristiano compañero se despoja de cualquier peso y pecado que interrumpa, obstaculice el compañerismo y la comunión con los demás que corren con paciencia la carrera de la fe que tiene por delante. Podemos ser compañeros en cualquier actividad; pero la gran diferencia con el que camina al lado, radica en que yo le aporte mi simpatía y lo mejor de mí para que el camino sea agradable, liviano y eficaz.

Proverbios 17:17 dice: “En todo tiempo ama el amigo, Y es como un hermano en tiempo de angustia.”  El verdadero compañero y amigo en Cristo rebosa de satisfacción y alegría cuando el triunfo. Es compartido y se es coautor del éxito de los demás. Proverbios 18:24 dice: “El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; Y amigo hay más unido que un hermano.” El valor de la cordialidad: Cordial viene de “corazón”. La cordialidad es el valor que más enriquece las relaciones interpersonales en Cristo; se origina en la sencillez del espíritu que ha sido renovado, en la grandeza del alma que ha sido transformada por Cristo, y en la nobleza de los sentimientos sanos y santos de uno que ha nacido de nuevo. Efesios 4:32 dice: “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.”  El cristiano cordial siempre tiene en sus labios una frase amistosa, un mensaje de afecto; y en sus manos, un presente, una caricia.

Efesios 4:29 dice: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.”  El cristiano cordial no niega el saludo a nadie, no se cansa de agradecerle un favor, presenta sinceras disculpas cuando se equivoca, solicita ayuda con humildad, cuando la necesita, y concede ayuda generosa cuando se la piden. Romanos 12:7 dice: “si de servicio, en servir… el que reparte, con liberalidad… el que hace misericordia, con alegría.” Filipenses 4:21 dice: “ a todos los santos en Cristo Jesús. Los hermanos que están conmigo os saludan.”  El cristiano cordial siempre tiene una sonrisa generosa para regalar. Sabe que una sonrisa es la tarjeta de presentación de todas las virtudes cristianas. La sonrisa cordial es otra forma de orar, no sólo a Dios para decirle “gracias”, sino al hermano para decirle “estoy contigo”.

Eclesiastés 1:1 dice: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. V:4 dice tiempo de reír. V:7 tiempo de hablar. V:8 tiempo de amar, y tiempo de paz.

El valor de la servicialidad: El servicio nace del deseo de compartir, de la convicción de que sólo quien siembra cosecha, y del propósito de que la mano izquierda no sepa lo que da la derecha, Mateo 6:3 dice: “Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.”  El valor de la servicialidad se demuestra en el deseo sincero de hacer algo por los demás. Quién no sabe servir, no sabe vivir. Marcos 10:44 dice: “y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.”

Es necesario que desaparezca de la mente y del corazón del cristiano aquella falsa superioridad basada en la posesión de súbditos que deben obedecer incondicionalmente a sus supuestos amos. Es superior en la Iglesia del Señor quien más sirve. Marcos 10:43 dice: “Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor.” El servicio generoso no sólo constituye un beneficio para el otro y la posibilidad de mejorar la sociedad, sino el acceso a la propia realización personal; la servicialidad dignifica al hombre y a la mujer de Dios. Todos los hijos de Dios estamos dotados de las facultades para convivir, comunicarnos, amar y disfrutar. Tales facultades fundamentan la dignidad humana y espiritual. Necesitamos concretarnos en estos valores para poder disfrutar de la gracia de la convivencia.

 

Proximo Blog: 5/16/2011

 

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