Cristo : La Reforma Pt. 1

Y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.”

Hebreos 10:9-10

 

Dios le preparó cuerpo a su Hijo Jesucristo y él vino en ese cuerpo hacer la voluntad de Dios, ¿Cuál fue esa voluntad?: Quitar lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad fuimos santificados para siempre. Creemos que lo “primero” se refiere a los rudimentos de la doctrina de Cristo, “lo cual es símbolo para el tiempo presente.” Según ese tiempo se practicaba el culto de comidas, bebidas, diversas abluciones, bautismo o lavamientos y ordenanzas acerca de la carne; ofrendas y sacrificios que nunca pudieron hacer perfecto en su conciencia al que practicaba ese culto, pues todo ese culto fue impuesto hasta el tiempo de reformar las cosas, Hebreos 9:9-10.

Podemos decir que Cristo es la última reforma. No es la reforma apostólica o la reforma de este movimieto profético o del movimiento tal. La Biblia afirma que ya presente Cristo, él ha limpiado nuestras conciencias de obras muertas para que sirvamos al Dios vivo. Cristo es mediador de un nuevo pacto, y por él hemos sido llamados a recibir la promesa de la herencia eterna, Hebreos 9:11-15.

Para poder entender el principio de que Cristo vino a “quitar lo primero y a establecer esto último”, es necesario saber que Hebreos 10:1 dice que la ley tenía la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas.
Hebreos 9:11 dice que Cristo es el sumo sacerdote de los bienes venideros. La ley era la sombra de Cristo, el sumo sacerdote de los bienes venideros.
Si Cristo es el dueño de los bienes venideros, es porque Moisés fue el dueño de los bienes primeros. Los bienes venideros están bajo las riquezas de la gracia y los bienes primeros estuvieron bajo la ley. Bajo esa sombra de la ley, ¿Qué se hacía? Se ofrecían continuamente sacrificios que nunca pudieron hacer perfectos en su conciencia a los que tributaban ese culto. Ninguno de esos sacrificios pudo quitar los pecados, no se los quitó ni a Moisés. Esos holocaustos y expiaciones por el pecado no le agradaron a Dios. Esos sacrificios se ofrecieron según la ley. Pero entrando en el mundo, Dios le preparó cuerpo a Cristo y él vino en obediencia a hacer la voluntad de Dios que era quitar lo primero, para establecer esto último.

Lo último que se estableció para nuestra salvación fue el sacrificio perfecto de Cristo en la cruz. El sacrificio de Cristo es esto último. El vino a quitar todo sistema de sacrificios, toda sombra de la ley y todo rudimento. Hebreos 10:12 “pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios.” El V:14 afirma “porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.” Este sacrificio fue la voluntad de Dios; en esa voluntad somos santificados para siempre. Por esa ofrenda tu eres un santo para siempre.

El principio de Dios es “quitar lo primero y establecer esto último”, esto nos enseña que lo segundo es mejor que lo primero. Antes de quitar lo primero y establecer lo último o de comprender que lo segundo es superior a lo primero.
Veamos el significado de Hebreos 6:1-3. Pero comencemos leyendo Hebreos 5:12 “ Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.”
El contexto de Hebreos 5 nos enseña que los creyentes hebreos no habían progresado ni en doctrina ni en experiencia. Según el V:11 se hicieron tardos para oír, es decir, niños, inmaduros, cortos e ignorantes. ¿Qué los hizo tardos para oír? El hecho de que les volvieran a enseñar los primeros rudimentos de las palabras de Dios, V:12. Los creyentes hebreos no reunían condiciones para enseñar a otros, todavía necesitaban leche o verdades elementales. Como niños de pecho, no podían asimilar alimentos o verdades mas fuertes. Ellos no sólo carecían del conocimiento de la verdad sino de la experiencia de la verdad de Cristo.

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