EL ESPIRITU DEL REINO

Cuando permitimos que Dios sea el todo en nosotros nuestra perspectiva de las cosas de Dios cambia. No es lo mismo cristianismo que evangelio. El cristianismo hoy día sea institucionalizado, produciendo solo obras y miembros pero el anhelo del verdadero Evangelio es producir hijos.

Una persona puede estar congregándose por años y no haber sido alcanzado o no haber experimentado el amor del Padre, recuerda que nuestra naturaleza caída nos hace huir. Por eso es que Dios nos alcanza., es El el que viene a nuestro encuentro. El sentirse y vivir como hijo viene por revelación. Eso fue lo que le dijo Jesús a Pedro: “No te lo revelo carne ni sangre, sino el Padre que esta en los cielos.”

Permítame definir lo que he entendido y visto por cristianismo moderno: Es, en gran parte un entretenimiento, originado en la necesidad, apremios y urgencias pero centrado solo y meramente en la satisfacción personal del hombre. A eso se ha llegado. Pero nuestra esperanza debe de estar en lo que Jesús dijo: “Orad de esta manera….. Venga Tu Reino.”

EL ESPIRITU DEL REINO rompe con todo patrón que el hombre caído halla desarrollado para sobrevivir. Al declarar que venga su Reino no solo estamos proclamando proféticamente el deseo del Padre sino estamos comenzando a caminar en el destino profético que siempre ha existido en la mente del Padre para con sus hijos que es gobernar junto con El. Esto es un asunto de gobierno y lo profecía deberá llevarte a esto.

Permítame hablarle claro: lo profético no es algo que le da fuerza a un sistema de vida basado en ilusiones personales sino que confirma el proceso que Dios esta operando en tu vida en ese momento.

Hoy día muchos corren a encuentros proféticos esperando una palabra de confirmación a lo que ellos entienden es la llave para desatar la vida de Dios en sus vidas y una vez que la tienen regresan como Reyes menospreciando, maltratando o desafiando así la autoridad de la casa local y sus ministros.

No es lo mismo tener un llamado que conocer tu oficio. Todos tenemos un llamado. Recuerda lo que Pablo le dice a Timoteo: “quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras.” (2Tim.1:9)

La Biblia da ejemplos y vivencias de hombres que pasaron estos procesos. Uno de ellos es el caso de David. Creo que nos podemos identificar con su vida y aún con las situaciones que lo llevaron de tener aceite sobre cabeza para luego ver como ese aceite se convirtió en oro.

David terminó reinando y es evidente en la Escritura que el no comenzó su “ministerio” entre las paredes de un palacio o en los bucólicos jardines reales. Hubo un proceso que lo llevo de lo más bajo, desde el anonimato y la paciente vida de un pastor de ovejas, -de lo oculto a la luz- , para convertirse no solo en el sucesor de Saúl sino uno de los reyes más grande que tuvo el pueblo de Dios.

Parte del libro: “Del Aceite al Oro”

Por Julio Sotero

Puede Adquirir el Libro a través de nuestra pagina Web.

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