“Que venga la Gracia y no se lo Impidais.”

Antes de que fueran llamado Cristianos, los seguidores de Cristo fueron llamados “El Camino”. Una de las razones fue que literalmente habían encontrado “el camino de vivir”. La naturaleza de la Iglesia no es reflejada en una serie constante de reuniones religiosas lideradas por clérigos profesionales en lugares santos reservados especialmente para experimentar a Jesús, sino en la manera profética como seguidores de Cristo viven sus vidas cotidianas en familias espirituales extendidas como respuesta vívida a las preguntas que encara la sociedad, en el lugar donde más cuenta: en sus hogares.

Al alinearse a los moldes religiosos del día, la iglesia ortodoxa después de Constantino en el siglo 4 AD adoptó un sistema religioso que consistía en esencia en el Antiguo Testamento, completo con sacerdotes, altar, un templo Cristiano (catedral), incienso y un estilo Judío de adoración tipo sinagoga.La iglesia católica romana siguió adelante y canonizó el sistema. Lutero reformó el contenido del Evangelio, pero de manera remarcable dejó las formas exteriores de la “Iglesia” sin tocar; las iglesias libres liberaron el sistema del Estado, los Bautistas entonces lo bautizaron, los Quakeres lo DRY CLEANED, el Ejército de Salvación lo metió en un uniforme, los Pentecostales lo ungieron y los Carismáticos lo renovaron, pero hasta el día de hoy, nadie realmente lo cambió. Es tiempo de hacer justamente eso.

Al redescubrir el Evangelio de salvación por fe y gracia solamente, Lutero comenzó a reformar la Iglesia por medio de una reformación de teología. En el siglo 18, a través de movimientos como los MORAVIANS, hubo una recuperación de una nueva intimidad con Dios, la cual llevó a una reformación de espiritualidad, la Segunda Reformación. Ahora, Dios está tocando a los mismos odres, iniciando una Tercera Reformación, una reformación de estructura.

Desde los tiempos del Nuevo Testamento, no hay tal cosa como “una casa de Dios”. Dios no vive en templos hechos con manos humanas. La Iglesia es el pueblo de Dios. La Iglesia, por lo tanto, estuvo y está en casa donde la gente está en casa: en hogares normales y corrientes. Allí, el pueblo de Dios comparte sus vidas en el poder del Espíritu Santo, tienen “comida-cultos”, es decir, comen cuando se reúnen; muchas veces, ni siquiera titubean en vender propiedades privadas y compartir bendiciones materiales y espirituales, enseñarse mutuamente en situaciones de la vida real cómo obedecer la Palabra de Dios al estilo diálogo y no al estilo profesor, oran y profetizan juntos, bautizan, y pierden su cara y su ego al confesar sus pecados, ganando así una nueva identidad como cuerpo al experimentar amor, aceptación y perdón.

  La mayoría de iglesias de hoy en día están simplemente demasiado grandes para proveer verdadera comunión. Se han convertido en “comuniones sin comunión”. La Iglesia del Nuevo Testamento era un grupo pequeño, típicamente entre 10 y 15 personas. No crecía hacia arriba a congregaciones grandes entre 20 y 300 personas llenando una catedral y haciendo imposible una real comunicación mutua, sino que se multiplicaba hacia los lados como células orgánicas una vez habiendo alcanzado alrededor de 15-20 personas. Entonces, si posible, reunía a todos los Cristianos en celebraciones que alcanzaban a toda la ciudad como en el atrio del Templo de Salomón en Jerusalén.

La iglesia congregacional tradicional tal como la conocemos es, estadísticamente hablando, ni grande ni bella, sino más bien un triste compromiso, una iglesia-casa demasiado grande y una celebración demasiado pequeña, y le faltan las dinámicas de ambas.debidamente.
Al hacer un rompecabezas, necesitamos tener el patrón correcto para las piezas, si no, el producto final, el cuadro entero, sale mal y las piezas individuales no tienen mucho sentido. Esto ha ocurrido a grandes partes del Cristianismo: Tenemos todas las piezas correctas, pero las hemos juntado mal, por tradición, celos religiosos y una mentalidad de poder y control. Tanto como el agua existe en tres formas, hielo, agua y vapor, los cinco ministerios mencionados en Ef.4:11-12, los Apóstoles, Profetas, Pastores, Maestros y Evangelistas pueden ser hallados hoy, pero no siempre en las formas correctas y en los lugares correctos: Han sido congelados en el sistema rígido del Cristianismo institucionalizado; existen como agua clara; o se evaporaron en el aire liviano de ministerios libres e iglesias “independientes”, sin deberle cuentas a nadie. Ya que es mejor regar flores con la versión líquida de agua, estos cinco ministerios para perfeccionar a los santos tendrán que ser transformados de vuelta a nuevas – y al mismo tiempo muy antiguas – formas para que todo el organismo espiritual pueda florecer y los “ministros” individuales puedan encontrar su rol y lugar apropiado en el organismo entero. Esta es una razón más por la cual necesitamos volver al original y molde del Creador para la Iglesia.

Ninguna expresión de una iglesia del Nuevo Testamento es jamás liderada por sólo un “hombre santo” profesional cumpliendo el negocio de comunicar con Dios y entonces alimentar a algunos consumadores religiosos relativamente pasivos al estilo Moisés. La Cristiandad ha adoptado este método de religiones paganas o, en el mejor de los casos, del Antiguo Testamento. El fuerte profesionalismo de la iglesia desde Constantino ha sido una maldición por suficiente tiempo, dividiendo al pueblo de Dios de manera artificial en laicos y clérigo. Según el Nuevo Testamento (1 Tim 2:5), “hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.” El velo se rasgó, y Dios está permitiendo que la gente acuda a El directamente a través de Jesucristo, el único Camino. Para habilitar el sacerdocio de todos los creyentes, el sistema presente de una iglesia profesionalizada y burocrática con sus castas institucionalizadas de “hombres santos” tendrá que cambiar por completo. La burocracia es el sistema más demoníaco de todos los sistemas administrativos, ya que hace básicamente sólo dos preguntas: sí o no. No hay lugar para espontaneidad y humanidad, ningún lugar para vida real. Esto puede estar bien para la política y para compañías, pero no para la Iglesia. Dios parece estar liberando a Su Iglesia de una cautividad babilónica de burócratas religiosos y espíritus controladores al dominio público, en manos de gente común y corriente, hecha extraordinaria por Dios, gente que, como en los tiempos antiguos, puede todavía oler a pescado, perfume y revolución.

El “Cuerpo de Cristo” es una descripción vívida de un ser orgánico, no un ser organizado. La Iglesia en su nivel local consiste en una multitud de familias espirituales quienes están orgánicamente relacionadas entre sí como una red, donde la manera como las piezas funcionan juntas es una parte integral del mensaje del ser entero. Lo que se convirtió en un máximo de organización con un mínimo de organismo debe ser cambiado a un mínimo de organización para permitir un máximo de organismo. Muchas veces y como una camisa de fuerza, la demasiada organización ha asfixiado al organismo por temor a que algo podría ir mal. El temor es el contrario de la fe y no exactamente una virtud Cristiana. El temor quiere controlar, la fe puede confiar. Por lo tanto, el control puede ser bueno, pero la confianza es mejor. El Cuerpo de Dios está confiado por Dios en las manos de gente con una mentalidad de mayordomo, con un don carismático sobrenatural de creerle a Dios que él está todavía en control, aún si ellos no lo están. Un desarrollo de redes regionales y nacionales, relacionadas por medio de la confianza, no un nuevo arreglo de ecumenismo político, es necesario para que vuelvan a surgir formas orgánicas de Cristianismo.

La imagen de gran parte de la Cristiandad contemporánea puede ser resumida como gente santa viniendo regularmente a un lugar santo en un día santo en una hora santa para participar en un ritual santo conducido por un hombre santo vestido en vestiduras santas contra una retribución santa. Ya que esta empresa tipo funcionamiento llamada “culto de adoración” requiere mucho talento organizacional y burocracia administrativa para seguir funcionando, moldes formalizados e institucionalizados se desarrollaron rápidamente en tradiciones rígidas. Estadísticamente, una “reunión de adoración” tradicional de 1-2 horas de duración se traga muchos recursos, pero produce muy poco fruto en términos de discipular a gente, es decir, en vidas transformadas.Económicamente, es una estructura de “alto imputo y bajo resultados”. Tradicionalmente, el deseo de “adorar en la manera correcta” ha llevado a mucho denominacionalismo, confesionalismo y nominalismo. Esto no sólo ignora el hecho de que Cristianos son llamados a “adorar en espíritu y en verdad”, no en catedrales con himnarios en las manos, sino que también ignora que la mayor parte de la vida es informal, y así lo es el Cristianismo como “el Camino de Vida”. ¿Necesitamos dejar de ser actores poderosos y comenzar a actuar poderosamente?

2 thoughts on ““Que venga la Gracia y no se lo Impidais.”

  1. me parese tremendo este escrito y tan cierto q parese mentira, pero eso es lo q muchas personas qisieramos y otros lo niegan, pero esa es la realidad lo q esta ocurriendo hoy en dia, mas dios en su sabiduria siempre nos da sorpresas, greenville preparat ps, lo q esta pasando es una reforma sobre el sistema antiguo.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s